
Queremos tanto a Betty.
"Yo soy Betty, la fea"es la mejor telenovela que ha existido nunca. Lo es? Para muchos, si. Para otros conocedores del tema, Dona Beija o Roque Santeiro, o la misma Cafe, merecerian ese galardon. Realmente no importa cual sea la mejor novela. Las jerarquias y las clasificaciones importan en el mundo de los negocios, el libro Guinness, y en la Seccion Deportes. En el mundo de las telenovelas, importan las emociones, el romance, importa lo que le paso hoy a Fulana Francisca, o si Mengana Alejandra se casara con Zutanito Villahermosa. Importa que nos importen los personajes. Por que nos importa Betty? Veamos.
Betty es, seguramente, la novela mas exitosa que ha salido de Colombia, si no de toda Latinoamerica. Luego de romper marcas de audiencia en su pais natal y en Ecuador, Peru y Venezuela, se hicieron -o se hacen, o se haran- versiones de Betty en lugares cultural y economicamente tan remotos como India, Mexico, USA, Holanda y Alemania. Me olvido de algunos paises, revisar wikipedia para la lista “completa”. De hecho, ahora podemos ver a la Betty gringa en television canadiense (City TV, todos los jueves en prime time) y a la mexicana (“Lety”) en Univision. No es, sin embargo, esta inesperada globalizacion la que nos hace amar a Betty. No. Como en una telenovela respetable, nosotros la queriamos desde antes de que ella fuera famosa, rica y... bella?
Imaginemos encontrar a Betty, un dia, en la oficina, en el trabajo, en el mercado. Una treintaniera vestida como una abuelita pobre y de mal gusto. Un aceitoso mechon de cabello le cubre la frente. Gruesas gafas de plastico encuadran su mirada. La ancha nariz desvia nuestra mirada hacia abajo, y cuando pensamos que ya nada puede ser peor, su amplia sonrisa nos bombardea con mas metal que un concierto de Megadeth. La vemos comportarse de modo ingenuo, reirse como un sapo, la vemos y de algun modo nos estremece tener algun parecido con ella. Luego, con el tiempo, la conocemos, y nos damos cuenta de que es muy competente en su trabajo, tiene ideas nuevas, mucha tenacidad y, sobre todo, es una persona leal y una excelente amiga. Pronto se vuelve indispensable, y al final, estamos perdidos: la amamos tanto. Sorpresa? Tal vez no. Quizas su mismo aspecto exterior nos forzo a fijarnos en los “otros” valores que puede tener una mujer. Quizas esa sea la clave: por una vez, la imagen dejo de ser lo mas importante.
La television, y otros medios masivos visuales, tratan de atraer nuestra atencion todo el tiempo. El reclamo mas obvio, mas bajo y seguramente el mas efectivo, son imagenes de hombres y mujeres atractivos. Me declaro culpable de haber frenado en seco por una mina en panos menores (mientras hacia “zapping” con el control remoto, me refiero). Betty nos atrajo con la tactica opuesta: en un mar de telenovelas llenas de modelos despampanantes que para “llorar” en sus escenas deben echarse colirio mientras estamos en comerciales, Betty emerge, feisima, genuina y llena de sentido del humor. Betty no se gana la loteria, no se casa con un poderoso, ni hereda una fortuna o se cambia a si misma para llegar lejos: ella simplemente confia en su esfuerzo, en su inteligencia y su tenacidad. Confia en lo que le ensenaron sus buenos padres, sus buenos y humildes padres en su bueno y humilde hogar. Lo raro, lo extraordinario, es que todo esto le sirve y le lleva muy lejos en un mundo tan distinto a un hogar, como lo es la realidad.
Betty es igual a las otras telenovelas, y al mismo tiempo muy diferente. Y no solo porque, en su momento, todo el mundo a mi alrededor veia Betty. Y digo todo el mundo, no solo mama, abuela, tias y otras habituales telenovelistas. Digo mi jefe (no jefa) en la oficina, mis companieros de la universidad, los policias y los conductores de bus. “Se dice de mi...” sonaba en las radios a toda hora, y nos la sabiamos de memoria aunque no quisieramos reconocerlo. No solo por eso es Betty diferente a las demas telenovelas: Betty es un personaje memorable, un icono similar al Patito Feo de Andersen, con la diferencia de que Betty desde el principio creyo en si misma, ya que no en su aspecto. Claro que en su momento, nos traiciono al volverse bella, pero para entonces ya la telenovela se habia alargado por razones ajenas a la historia y mas cercanas a los negocios. De todas formas, la queremos.
Queremos tanto a Betty porque queremos que sea verdad. Que no haya que ser un modelo de belleza para ser feliz, que basten los valores de nuestros padres: valor, honestidad, esfuerzo. Que la “pelitenida”, espectacular en imagen pero falsa desde el color de su cabello, no nos quite lo que es realmente nuestro. Que los ricos caigan y que los pobres tomen su lugar. O por lo menos, que haya un lugar alla arriba para nosotros. Al fin y al cabo, siempre somos mayoria los de abajo, y es bueno imaginarnos que no estamos tan abajo. Betty nos hace sentir eso, y en esta epoca en que tan pocos simbolos de esperanza y bondad nos quedan, Beatriz Pinzon Solano, eres bienvenida.
